Entrevista a Xavi Cañellas

Entrevista a Xavi Cañellas

En Niños sanos, adultos sanos, ¿en qué sentido señaláis Jesús Sanchis y tú que la salud empieza a programarse durante el embarazo?

Literalmente se establece el funcionamiento de los sistemas corporales que van a acompañar a ese futuro adulto y también la susceptibilidad o no a sufrir ciertas alteraciones de la salud o enfermedades, tales como enfermedades cardiovasculares, inmunitarias e incluso enfermedades mentales. Como si de un ordenador se tratase, el preembarazo, el embarazo y los primeros años de vida establecen el funcionamiento de estos órganos y, por tanto, su funcionalidad o no depende en parte de la capacidad que mamá dé al bebé durante este periodo de responder a los eventos que puedan surgir en su salud.

¿Qué recomendación darías a quienes están a punto de ser madres o padres para preparar la alimentación del bebé?

La recomendación sería que papá y mamá dieran ejemplo y revisaran su propia alimentación y su estado de salud, para que el futuro bebé tenga un ambiente de normalidad en cuanto a alimentación saludable. También recabar información, de lo que significa tener un buen sistema inmunitario o la microbiota, y de qué es importante aportar en este periodo para que esa susceptibilidad de la que hablamos sea mucho menor. Dar ejemplo y establecer lo que será la alimentación en casa depende de mamá y papá.

¿Es el Baby led weaning la mejor opción en cuanto a la introducción de alimentos?

El BLW tiene muchísima coherencia a muchos niveles, pero sí que es cierto que tenemos que tener en cuenta la tranquilidad y la paz en el sistema familiar. Si utilizar BLW da tranquilidad y paz a los padres, entonces seguro que será el mejor sistema, siempre que el bebé esté preparado para consumir alimentos sólidos. Esto quiere decir que tenga buen control del cuello y del tronco, que no presente reflejo de extrusión y, sobre todo, que tenga interés por la comida. Suele ocurrir entorno a los 6 meses, pero no es una fecha rígida: habrá bebés que estén preparados antes y otros después, y no pasa nada.

El BLW tiene mucha más coherencia biomecánica y en cuanto al tracto digestivo del bebé, pero sí que es cierto que si papá o mamá están dando de comer al bebé y están nerviosos o tienen miedo de que el bebé se ahogue, y eso se transmite al bebé, el bebé lógicamente va a percibir que comer es malo porque a sus padres les genera peligro. Si es así, no pasa nada, y en vez de BLW se dan los alimentos en forma de purés. Pero que sea una introducción de alimentos coherente y llena de tranquilidad: sobre todo coherente con la maduración del sistema inmunitario del bebé y de la microbiota intestinal del bebé.

¿Por qué la gestión del estrés es también un pilar básico en la programación de la salud del bebé?

Bajo mi punto de vista, la programación del eje de estrés es uno de los pilares más básicos, porque influirá en cómo interpreta el mundo ese futuro adulto y esa interpretación genera respuestas neuronales y hormonales, es decir, neuroendocrinas, que tendrán efecto en todos los sistemas corporales, entre ellos el sistema inmunitario.

La programación de esta tolerancia al estrés ocurre durante la gestación y tiene que ver con el funcionamiento de la placenta: con cómo la placenta es la filtradora de las hormonas del estrés de mamá al feto, entre las cuales la más importante es el cortisol, y cómo eso va a programar los núcleos cerebrales del futuro bebé, que van a ser la clave para que este bebé pueda tolerar o no el estrés.

Durante el postparto, hay un periodo de reprogramación de estos núcleos del cerebro con los receptores de estas hormonas, como el cortisol, y que tiene que ver curiosamente con el contacto físico y con el amor. Por eso, una de las bases neurofisiológicas del skin to skin contact o el bebé canguro o kangaroo care es la del contacto físico por la reprogramación de estos núcleos del cerebro.

Durante el embarazo se establece el funcionamiento de los sistemas corporales que van a acompañar al futuro adulto y también la susceptibilidad o no a sufrir ciertas alteraciones de la salud o enfermedades.

Xavi Cañellas

Es un pilar básico, que está por encima de todos, cómo se va a programar la tolerancia al estrés y la interpretación del mundo de los futuros adultos, porque eso marcará cómo interpretará después los estímulos de su vida: si desde un punto de vista que genere más actividad inmunitaria, y en este caso inflamación, o no.

Hay diversos estudios realizados en adultos en los que, frente a un mismo estresor o ítem de estrés, se les extrae sangre y se miden los marcadores de inflamación, y se ve que hay algunos adultos que han producido inflamación y otros que no. Fijémonos que un mismo estímulo puede generar respuestas, incluso inmunitarias, distintas y esto se programa durante la gestación.

¿Qué es la microbiota?

La microbiota es el conjunto de microorganismos (todo un ecosistema de microorganismos) que convive con nosotros, tanto fuera como dentro. Dentro, la gran metrópolis, la gran zona donde más microorganismos tenemos, es el intestino: lo que llamamos la microbiota intestinal. Este conjunto de microorganismos pueden ser bacterias, arqueas, virus, hongos, protozoos, etc., y todo este ecosistema convive con nosotros y gracias a él nos mantenemos con salud, siempre y cuando ese ecosistema tenga un equilibrio.

Por eso los seres humanos somos una parte humana y una parte microbiana. De hecho, es interesante, cuando hablamos de números, mencionar que somos unas dos veces más número de microorganismos que células humanas y que en el ser humano, en la secuenciación de nuestro ADN, se establecen aproximadamente unos veinte mil genes, mientras que podemos llegar a albergar unos dos millones de genes microbianos. Por tanto, literalmente el ser humano tiene más material microbiano que humano. No tenemos que separar estas dos entidades, sino que el ser humano es el ser humano con este ecosistema de microbios. Así, podríamos decir que somos un metaorganismo compuesto por material humano y material microbiano y que gracias a esta parte microbiana y a los metabolitos y las sustancias que generan estos microorganismos somos capaces de mantenernos con salud.

En forma de broma, siempre explico cómo primero en el planeta Tierra aparecieron los microorganismos, hace 3,4 billones de años. La historia del ser humano tiene 2 millones de años. Pues bien, cuento que cuando aparecimos hicimos un trato con los microorganismos según el cual les damos cobijo y alimentos y ellos nos mantienen con salud, porque gracias a que nosotros los cuidamos muy bien, ellos producen esas sustancias claves para el mantenimiento de nuestro cerebro, de nuestro sistema inmunitario y, en general, de nuestra homeostasis.

¿Y la alimentación prebiótica?

Se basa en que nosotros no comemos solo para nosotros como humanos sino para alimentar a nuestros microorganismos, y su alimento es lo que llamamos prebiótico.

En el libro Alimentación prebiótica hicimos un trabajo en profundidad para clasificar exactamente el tipo de fibras que existen, porque lo que comen nuestros microorganismos es fibra fermentable. Antes clasificábamos la fibra como soluble o insoluble, pero desde hace unos años hemos evolucionado esa clasificación y hablamos de fermentables o no fermentables por los microorganismos.

Las que sí que son fermentables por microorganismos son alimentos que nos corresponden como ser humanos desde hace miles y miles de años, sobre todo hablamos frutas, verduras y tubérculos. Estos alimentos son el tipo de fibras que van a alimentar a los microorganismos para generar mayor diversidad en el ecosistema. Se ha relacionado en diversos estudios que, cuanta más diversidad de microorganismos, más salud. Y uno de los ítems más importantes para fomentar la diversidad de los microorganismos es precisamente el consumo de este tipo de fibras fermentables. A eso le llamamos alimentación prebiótica y debería ser la base de la alimentación del ser humano.

¿Qué aspectos cambian en nuestras vidas al adoptar una alimentación prebiótica?

Implica volver a comer lo que nos corresponde como seres humanos: frutas, verduras y tubérculos, sobre todo. Después hay algunos alimentos, como algunos tipos grasas, que se ha visto que tienen un efecto interesantísimo en la microbiota intestinal, pero, en general, es alimentarnos como realmente nos corresponde al ser humano y como debería ser nuestra base. Dejar de comer alimentos procesados e inventos de la industria alimentaria para tener una alimentación acorde con el ser humano y con los microrganismos nos va a llevar inevitablemente a tener más salud.

Es cierto que hay un grupo cada vez más importante de personas que tienen alteración en los microorganismos, lo que llamamos disbiosis, y tienen incluso síntomas cuando consumen algunas frutas, verduras o tubérculos. Aquí ya estamos hablando de que hay un desequilibrio. Si esto no existe y ya hay un equilibrio de base, lo que es fundamental para alimentarnos nosotros y a los microorganismos es consumir prebióticos en forma de alimentos.

Hicimos un trato con los microorganismos según el cual les damos cobijo y alimentos y ellos nos mantienen con salud.

Xavi Cañellas

¿Qué aspectos concretos de nuestra salud ayuda a mejorar la alimentación prebiótica?

Básicamente, toda nuestra salud. Porque alimentarnos de forma coherente con nuestros microorganismos permite que cuando se alimentan, al fermentar esta fibra, generen compuestos varios y metabolitos tipo ácidos grasos de cadena corta (los más famosos son el butirato, el propionato o el acetato), y estas sustancias tienen una íntima relación con el sistema inmunitario para generar regulación inmunitaria o inmunoregulación. Esto implica que nuestro sistema inmunitario sea eficaz: que cuando tenga que actuar, actúe de manera eficaz, aguda e intensa y que pueda resolver cualquier evento en tiempo récord. Eso es salud.

Entendemos mal lo que es el concepto de salud. Salud se define como «la ausencia de enfermedad», pero no es eso. Salud es la capacidad de resolver cualquier evento inmunitario en tiempo récord y de forma eficaz.

La regulación inmunitaria y el neurodesarrollo, que nuestro sistema nervioso también funcione acorde, pasan por cómo alimentamos a nuestros microorganismos y cómo el sistema inmune es capaz de comunicarse en forma de paz y tranquilidad con nuestro cerebro, lo que a su vez implica que nuestra bioquímica cerebral funcione bien.

Tenemos que tener en cuenta que el 80 % de nuestras células inmunocompetentes reside en nuestro aparato digestivo y, por tanto, cada vez que comemos tenemos una afectación inmunitaria. Si lo que comemos es adecuado con nuestro sistema inmunitario vamos a generar inmunoregulación, si no, generaremos una respuesta inmune de inflamación. Y esto no tiene que ver solo con el sistema digestivo sino con todo el sistema inmunitario: todos los tejidos dependen del sistema inmunitario así que teniendo una alimentación acorde con nuestros microorganismos vamos a tener una mejor calidad de vida.

Cada vez se habla más de alimentación y estrés, ¿a qué obedece esto? ¿Somos una sociedad estresada, una que se alimenta mal o ambas?

Ambas, absolutamente. Vivimos en una sociedad que llamamos obesogénica, donde es ya normal y habitual encontrar un índice de obesidad, de patología metabólica, terrible y eso ya lo entendemos como normal. La industria lo sabe muy bien y nos envía anuncios y porquerías para consumir, llenas de productos como azúcar y de otras sustancias adictivas que nos producen esta respuesta inflamatoria. Y es un pez que muerde la cola, porque una inflamación crónica en el tiempo, que es la inflamación de bajo grado en la que la respuesta inmunitaria no cesa, implica que la inflamación genera una respuesta también de inflamación en el cerebro. Como digo en mi último libro Tu primer cerebro no está en tu cabeza, cuando tenemos inflamación, tomamos decisiones inflamadas: cambia la bioquímica del cerebro y buscamos recompensas más artificiales e inmediatas. En este caso, si hablamos alimentación, buscaremos productos, por ejemplo, con alto contenido en azúcar, para recibir esa respuesta inmediata. Y eso genera más inflamación y eso genera más estrés.

Además, el ritmo de vida de nuestra sociedad es un ritmo de vida inhumano en el que ya ni descansamos las horas que tenemos que descansar, tenemos este círculo vicioso constante con las prisas, con el trabajo, con el llegar a fin de mes, con los conflictos y con ciertas creencias e interpretaciones de la vida que, a día de hoy, son un caldo de cultivo de enfermedad. Este estrés es el factor más determinante de nuestra salud. Dicho de otra manera, este ritmo de vida es lo que más nos enferma, lo que más genera respuestas hormonales e inmunitarias que se basan en la inflamación y, por tanto, genera estas conductas inflamadas.

Además, cuando generamos estrés, las hormonas del estrés son capaces de cambiar los microorganismos de nuestro intestino, la gran metrópolis. Entonces se genera ese desequilibrio, esa disbiosis. Esta es la base del eje intestino-cerebro: por afectación de arriba abajo (por estrés cambio los microorganismos) y a la inversa (por la inflamación a través de la alimentación, cambio la toma de decisiones); es una carretera de doble dirección.

¿Están la alimentación y el estrés vinculados con la hipermedicación?

Sí, por supuesto. En todo este contexto inflamatorio que estoy comentando van a aparecer síntomas. Tenemos una visión muy reduccionista de lo que es la salud, en la que entendemos que el síntoma es malo y buscamos algo para paliarlo. Pero no comprendemos el síntoma ni a las personas que sufren los síntomas. Desde la psico-neuro-inmunología clínica de Regenera, no tratamos enfermedades sino personas que sufren enfermedades. Las enfermedades son biología, pero las sufren personas que tienen una biografía. Esta concepción no es la habitual, sino que solo vemos síntomas de la biología que queremos tapar de forma inmediata, porque no podemos parar este ritmo de vida que tenemos.

Si tengo dolor de cabeza, voy a buscar un paracetamol porque el dolor de cabeza me entorpece el ritmo. El error: nosotros no sufrimos déficit de paracetamol, sino que nos duele la cabeza por otras causas, que son las que deberían tratarse. Pueden ser por ejemplo un déficit de líquido o minerales, o una alteración hormonal o inmunitaria o, simplemente, que no es simplemente, un proceso de estrés que provoca cambios en la vascularización de mi cerebro produciendo una migraña.

La hipermedicación es el recurso más sencillo, pero no nos olvidemos de que tiene efectos secundarios. La tercera causa de muerte en el mundo son los efectos secundarios de los fármacos. También hay que decir que solo se reporta el 20 % de los casos. Si realmente reportásemos todos los casos, quizá estaríamos hablando de la primera o la segunda causa de muerte en el mundo desarrollado.

Es algo terrible. Deberíamos utilizar los fármacos solamente en los momentos puntuales en los que sí están indicados, para no generar ese círculo en el que los efectos secundarios se palian con otro fármaco, que genera otros síntomas, que se palian con otro fármaco, etc.

Tu primer cerebro

Nuestro GPS en la vida es la barriga y si la escucháramos más, podríamos prevenir y tomar decisiones más coherentes.

Xavi Cañellas

¿Podemos prevenir a las nuevas generaciones frente a las que llamas «enfermedades de la civilización» (el asma, las alergias, la dermatitis atópica y las bronquitis recidivantes, entre otras)?

Por supuesto. ¿Cómo? Pues lo que hablaba en las primeras preguntas. Programando la salud de nuestros hijos y de los adultos de una forma más saludable. Si utilizamos la ventana de oportunidad de la que hablamos en Niños sanos, adultos sanos, y que describe la Dra. M.ª Carmen Collado en sus investigaciones, ese periodo de los primeros mil días de vida que tiene que ver con el preembarazo, la gestación y los dos primeros años de vida; si ahí utilizamos la ventana de oportunidad para establecer una microbiota óptima y diversa, una tolerancia al estrés de buen inicio y una salud con buenos hábitos, estamos programando una sociedad mucho más saludable. Y eso por supuesto disminuye la prevalencia de todas esas enfermedades cardiovasculares, inmunitarias e incluso autoinmunitarias.

Son datos terribles, se han visto ya procesos de arterioesclerosis en bebés y en fetos. Estamos hablando de que podemos cambiar esta susceptibilidad con mayor información, con campañas de prevención y utilizando el dinero público para esa prevención y no para llenar las arcas de los políticos.

¿En qué sentido el intestino es nuestro primer cerebro?

Literalmente es así. Lo es porque es un órgano inmunitario, lo he dicho antes, pero también es un órgano neurológico, y es que es inervado por el sistema nervioso entérico y eso supone 600 millones de neuronas que pueblan nuestro aparato digestivo.

¿Y por qué es el primero? Porque en el vientre materno, el primer sistema nervioso que se va a formar no es el sistema nervioso central, no es nuestro cerebro, sino el sistema nervioso entérico. Por tanto, el primer cerebro que nosotros tenemos es nuestra barriga: el sistema nervioso entérico. Eso no quita para que el sistema nervioso central tenga en número más neuronas, por supuesto, pero el primero en formarse es el entérico.

Además, todo lo que sentimos lo sentimos en nuestra barriga primero, todas nuestras emociones y sentimientos las sentimos ahí. Nuestro GPS en la vida es la barriga y si la escucháramos más, podríamos prevenir y tomar decisiones más coherentes.

En Tu primer cerebro (no está en tu cabeza) vuelves a hablar de reprogramación de la salud, ¿qué es y qué implica la reprogramación que propones?

Vuelvo a exponer porque todo lo que hagamos en este embarazo y preembarazo está dentro de la ventana de reprogramación. Antes hablábamos de la reprogramación de la respuesta al estrés y de los receptores de las hormonas del estrés con el contacto físico. Pero es que además la microbiota también se programa en esta ventana, en estos mil días. Y es el ecosistema, la huella, que vamos a tener el resto de nuestra vida: lo que logremos como equilibrio microbiano en los dos primeros años nos acompañará el resto de nuestra vida.

Cualquier evento, como la toma de antibióticos, el estrés o cualquier otra afectación que podamos tener estos primeros mil días, tenemos la capacidad de reprogramar y general diversidad microbiana creando el equilibrio microbiano.

Eso no quiere decir que el resto de nuestra vida no podamos generar reprogramación, por supuesto que sí, pero no vamos a cambiar el patrón microbiano, sino que lo que podremos es devolver el equilibrio que nos mantenga salud.

Si nuestros primeros días no han sido acordes a la salud, habrá más susceptibilidad de enfermedad. Esto no es que vayamos a ser enfermos sí o sí, sino que tenemos más números de lotería para que nos toque. Si me cuido y tengo un equilibrio en mi salud y en mi vida, no voy a expresar esa susceptibilidad. Ahora bien, si tengo esa susceptibilidad y no me cuido, antes enfermaré. Podemos programar esto hasta cierto punto cuando somos adultos, pero sí que podemos recuperar un equilibro para que haya salud.

En tus libros reivindicas los descubrimientos y avances científicos en el terreno de la alimentación y la gestión del estrés, ¿crees que la sociedad sufre desinformación en estos temas?

Creo que sufre desinformación y a la vez infoxicación, es decir, hay un exceso de información que tiene que ver con la información desde muchos extremos: gluten sí, gluten no, comer seis veces al día sí o no, ayunar sí o no. Necesitamos recuperar el sentido común y lo que es bueno para el ser humano.

Todo el mundo tiene el instinto de que comerse un croissant no es sano, y de que comerse en una manzana es mucho más sano que el croissant. Eso en ningún caso quiere decir que no podamos disfrutar puntualmente de un croissant, por supuesto. Pero el sentido común habla en favor de una alimentación acorde a nuestros microorganismos y al ser humano, y para esto no hace falta saber de microbiota, sino pensar que, si hay alimentos que nos han acompañado durante miles y miles de años, sobre todo fruta, verdura y tubérculos, o proteína de calidad (huevos de animales que no han sido maltratados, o pescado y carne de calidad dependiendo de cómo se han cuidado esos animales), esto implica más salud. Después habrá que definir de forma más personalizada lo que un individuo necesita en concreto, con su propia biología, su microbiota y biografía.

Recuperar ese instinto, que ya es algo innato, y si además tenemos información adecuada que concuerda con este instinto, pues fantástico. Por ejemplo, llevamos tiempo diciendo que comer 5 veces al día es sano, ¿en qué se basa eso? En ningún caso podemos decir que comer 5 veces al día sea sano, aunque comamos galletas y cereales con leche, y que en cambio hacer ayuno intermitente y comer dos veces al día requiere control médico.

Recuperemos el instinto y la conciencia y, sí, vayamos a la información. Sobre todo, información no proporcionada por la industria alimentaria. Por ejemplo, la pirámide de los alimentos fue promovida por los agricultores americanos, no por Harvard; es decir, fue promovida por la industria de los cereales, no por la ciencia.

La consecuencia de la infoxicación es que la gente está confusa y no sabe qué creer. Me dicen que en mi libro he hecho una investigación de artículos, fuentes, etc. Pero mi libro va a estar al lado de otro libro que diga lo contrario y que también se ha basado en estudios.

Primero tenemos que basar las recomendaciones oficiales en el sentido común y, a partir de aquí, la ciencia nos ayudará.

¿Qué recomendarías a una persona que tuviera interés en informarse más sobre su salud?

Primero que tenga la necesidad para hacer ese crecimiento personal a nivel de su salud y hábitos, desde la máxima tranquilidad. Que revise su vida, lo que yo llamo la «contabilidad energética», es decir, si tenemos suficiente energía para vivir con tranquilidad y con paz. También ver qué podemos soltar de nuestra vida que nos esté pesando mucho. A veces tenemos ideas que hemos de cambiar; la flexibilidad en la vida nos va a aportar muchísima salud. Y que se revise la alimentación, el descanso o la actividad física.

Todo esto no es una opción, por eso hablo de que se tenga la necesidad. El ser humano necesita esto, igual que el equilibrio en sus microorganismos o el descanso, porque la regeneración ocurre por la noche y por tanto necesitamos tener un buen equilibrio de ritmos circadianos. No es «mira, voy a hacer una cura de sueño», no, sino que ha de aplicarse como necesidad en tu vida.

Esto implica tomar decisiones valientes, es decir, tomar decisiones que aún no he tomado en pro a mi salud y, por supuesto, la de los niños.

Sobre Xavi Cañellas

Xavi Cañellas

Xavi Cañellas es psiconeuroinmunólogo y ejerce la práctica clínica desde hace quince años. Es codirector y docente del Curso Experto Universitario en Psiconeuroinmunología Clínica y Evidencia Científica por la Efhre International University. Es divulgador, conferenciante y docente en varios másteres y cursos en el territorio español.

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